Equilibrio para ser una mamá empresaria
9 mayo, 2019

Creo que no eres como me contaron los cuentos de pequeña. Cuando crecía en medio de una familia numerosa y llena de amor te conocí. Recibiendo los mejores cariños de dos Padres que me enseñaron que amar es una decisión. Dos hermanas que en medio de juegos, pleitos y diferencias siempre podíamos terminar contigo disfrutando nuestra caricatura favorita.

Luego pasaron los años y cuando las cosas se hicieron difíciles te fuiste por mucho tiempo, enseñándome que no hay edad para enfrentar los retos que la vida de pone. Aprendí a que no te encuentras en ninguna cosa material, al contrario regresas en esas navidades en las que a pesar de no recibir regalos, con una cena elaborada por las Manos más amorosas del mundo “Mi Mamá” era suficiente para disfrutar.

Las cosas no siguieron nada fácil pero aprendí a conocer a Dios y sus bondades, donde estás incluida tú, que vienes después de la FE. A los 18 años soñando con estudiar mi carrera Universitaria y sin un panorama claro de poder hacerlo, me arme de valentía para salir en busca de trabajo. ¡No te encontré! En ninguna entrevista, en ninguna negación. Lo único que me detuve a pensar fue en que tenía que seguir luchando. Vendiendo productos de belleza por catálogo casa por casa haciéndome llamar “Representante de línea Francesa en El Salvador” comenzaste a llegar poco a poco en medio de muchos logros donde pude pagar mi Universidad durante los primeros dos años y ayudar a mis padres que tanto me habían dado.

Pero me llenaste de tanto que mi FE creció así como mis sueños y sabía que tenía muchas oportunidades que aprovechar aún. Salí en busca de una oportunidad que Dios puso en mi camino. Como caída del cielo llegaste “Trabajo ideal” Mi maestría de la vida como yo le llame, con carro, un súper salario y muchos retos que afrontar. Gerente de Operaciones: no sabía cómo se hacía pero comenzamos.

Me realice, lloré mientras aprendía pero te quedaste conmigo mucho tiempo. Pero luego de 4 años te irías después de un despido injustificado, sin aviso, sin anestesia, quedando sin absolutamente nada desapareciste. Pero luego entendí que estaba dentro del plan perfecto de Dios. A mis 27 años vendrías como relámpago mostrándome al amor de mi vida (Mi esposo) que te traía bajo la manga con muchos detalles, sonrisas, sorpresas, me enamoré. Del hombre que era la respuesta perfecta a mi lista de 5 peticiones y a las oraciones de unos Padres que anhelaban un hombre de Dios para su princesa.

Después de mi despido se aparecería la valentía que me lleno de coraje y decidí convertirme en Empresaria, sin juegos, ni pruebas apostándole todo mi tiempo y esfuerzo. Apareciéndote en cada milagro que veía pasar al creerle a Dios por algo grande y sin pensarlo ahora somos más de 50 creyendo por el mismo sueño. Desde ese momento hay días en los que no te siento para nada, pero hay días que te quedas en mi corazón haciendo una enorme explosión como cuando nacieron Isabella, Sebastián y Santiago convirtiéndome en mi mejor versión “Mamá”

Sin duda lo que me dijeron de niña no es nada comparado con la realidad, lo cierto es que a mis 35 años puedo decirte FELICIDAD:

  1. Estás en cada momento que Dios me hace sentir que no estoy sola.
  2. Estás cuando jugamos en la cama con mis 3 hijos y mi esposo sin mirar el tiempo en medio de carcajadas.
  3. Cuando mi Mamá la mejor Chef me prepara una comida especial.
  4. Cuando mi Papá el ABU corre debajo del sol por amor a sus nietos jugando football.
  5. Cuando se que mi Esposo hace cosas que son difíciles para él, por el simple hecho que Ama verme feliz.
  6. Cuando veo a mi hermana Susana decirme: Tomémonos un café me haces falta,
  7. Cuando la tía jeka hace feliz a mis hijos con cada acción de amor.
  8. Cuando llega un cliente nuevo
  9. Cuando me siento la más bendecida con mi equipo de trabajo.
  10. Cuando una emprendedora me dice ¡Lo logré!

Estás en todo aquello que no tiene un precio, en todo después de tener fé y en cada milagro.

Gracias felicidad porque me has enseñado a compartirte, a buscarte y valorarte. A mis 35 años puedo decirte que nos seguiremos viendo en cada etapa de este sueño que tengo por conquistar.

Solo te pido que llegues cada día a esta mujer que lee estás líneas y que necesita disfrutarte en medio de cualquier dificultad.

Gracias

Atte.

Dina Mancía de Paredes